En 2004, tras volver a su tierra natal, Portezuelo, Patricio Bustos fundó Viña Raíz Criolla con el propósito de dar continuidad al legado vitivinícola de su familia, heredero de generaciones de historia y aprendizaje. No obstante, esta cuarta generación estaría marcada por la innovación: embotellar un vino 100% de la variedad País.
En aquel entonces, esta decisión era vista como un absurdo, pues la cepa se usaba casi exclusivamente para mezclas y rara vez era mencionada. Pese a ello, Patricio decidió resistir frente al dominio de las cepas francesas y la enología convencional, reivindicando las uvas tradicionales del Valle del Itata y abrazando la filosofía de los vinos naturales: dejar que la uva hable por sí misma, que se transforme, evolucione y exprese su identidad en cada botella.
Raíz Criolla
Degustar la Historia
En Viña Raíz Criolla creemos que el vino debe expresar lo que realmente es: su tierra, la historia de quienes lo cultivan y la vida que guarda dentro de cada botella. Por eso cultivamos nuestras viñas antiguas y elaboramos vinos naturales, vivos y auténticos, que hablan de Portezuelo y de nuestras raíces.
Que Hacemos
Tradición Familiar
A todo esto se suma el trabajo humano, las técnicas heredadas y las tradiciones
vitivinícolas que, junto al entorno, dan vida a la identidad única de los vinos Raíz
Criolla.
Raíz Criolla
Degustar la Historia
La viña de País (3 ha) ha acompañado a la familia por generaciones. Aunque no existe
un registro exacto de su plantación, se estima que supera los 150 años de vida. Sus parras, vigorosas en la zona de vega y más delgadas en los lomajes, están conducidas en cabeza o vaso y dispuestas en un marco de plantación de 1 m x 1 m, rasgos propios de una viña centenaria.
La viña de Moscatel de Alejandría, en cambio, es más joven. Fue plantada por Mario Bustos en el año 1968, con 2,5 ha en espaldera —siendo la primera de la zona en usar este sistema— y 1 ha en conducción de cabeza.
En ambas viñas trabajamos de manera natural y sustentable: no utilizamos agroquímicos que dañen la biodiversidad del ecosistema, aramos los suelos con tracción animal cada dos a tres años y elaboramos compost con los desechos de la viña y la bodega para reincorporarlos al suelo.
Proceso
Vinificación
1. Cosecha. Antes de la cosecha realizamos un monitoreo que nos indica el momento
justo para recolectar. Cada zona de la viña se destina a distintos vinos
según sus características y estilo de elaboración. Con esta información
armamos un plan que define qué sector se cosecha, en qué fecha y a qué
vino irá cada uva. Cuando llega el punto óptimo de madurez, realizamos
la cosecha de forma manual, dando inicio a la vendimia.
2. Selección de uvas.
La selección de uva es realizada antes de cosechar (esto ya se menciona
en el párrafo anterior, no creo que sea necesario poner un punto sobre eso)
3. Fermentación.
La fermentación ocurre de manera espontánea o natural, gracias a las
levaduras nativas que viven en la piel de la uva (pruina). Ellas son las
responsables de transformar el jugo de uva en vino y de darle identidad
propia. Este proceso influye fuertemente en el carácter final: define
aromas, sabores, frescura y calidad. Por eso lo acompañamos día a día
con mediciones de temperatura y densidad. Todo ocurre en tanques de
acero inoxidable, cuidando que la uva se exprese de la manera más
auténtica.
4. Crianza/Guarda.
La crianza se realiza en cubas de acero inoxidable, donde los vinos
maduran de manera lenta y controlada. Durante este período se afinan
sus aromas, se equilibran sus sabores y se preserva su frescura natural.
Después de permanecer el tiempo necesario, los vinos alcanzan la
expresión deseada y quedan listos para ser embotellados.
5. Embotellado.
El embotellado es la última etapa de nuestro proceso de vinificación. Aquí
el vino pasa de las cubas de acero inoxidable a botellas de vidrio en
diferentes formatos: 750 cc, 500 cc y 375 cc. Aunque ya está listo para
disfrutar, el vino sigue evolucionando en botella con el paso del tiempo,
por eso cuidamos que siempre se conserve en las condiciones
adecuadas de temperatura y luz. Nuestros vinos naturales están vivos, y
esa es su magia: dentro de cada botella siguen ocurriendo pequeñas
transformaciones que los hacen únicos en cada momento.

